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miércoles, 10 de agosto de 2011

María Bonilla, vida y obra



Conferencista: Ing. Miguel Melgarejo
Conferencia impartida en el Museo Nacional de Arte el día 23 de noviembre del 2010 a las 12:00 hrs. en la Sala de Audiovisuales de dicho recinto.


PRIMEROS AÑOS

María Bonilla Méndez nació en  Cuautempan, municipio de Tetela de Ocampo, Puebla,  una  pequeña ranchería adentrada en la sierra náhuatl del estado, el 26 de enero de 1902. Sus padres, Don José
María Bonilla y Doña Rosalía Méndez; esta última, hija de uno de nuestros héroes olvidados, el General de División Don Juan Nepomuceno Méndez, partícipe y líder reconocido en las guerras de intervención americana y francesa, donde se distingue en la Batalla de Puebla del 5 de mayo, que llega a ser Gobernador del estado de Puebla y finalmente Presidente Interino de la República durante la época del Porfiriato.

Don Juan N. Méndez hombre de gran corazón, apadrina al hijo de su caballerango; al niño José María Bonilla y hace de él, junto con el Lic. José Vasconcelos, uno de los primeros egresados de la Escuela Normal Superior que fundara Don Justo Sierra; más tarde permite que el joven José María se case con su hija Rosalía.

Los primeros años de María Bonilla transcurren en la ranchería de Cuautempan, en donde tiene su primer acercamiento con la música vocal, a través de sus tías que vivían en el rancho; dos señoritas que habían sido educadas en el belcanto italiano por un maestro traído ex profeso de Italia para formar a estas dos cantantes maravillosas que se preciaban de “cantar la escala cromática de dos octavas ascendente y descendentemente con una sola respiración”.

Unos años después, la familia constituida por sus padres José María, su madre Doña Rosalía, María y sus tres hermanos, José, Miguel Horacio y el pequeño Juan, se mudarón a Coyoacán en la ciudad de México. De sus hermanos sólo sobrevivirá José el mayor, quien llegó a ser su amigo y confidente en la madurez.
En sus primeros años en Coyoacán, viven cerca de lo que era el Panteón de Xoco, en donde les tocó vivir de cerca la Revolución y María se ve involucrada activamente en ella.  A sus escasos catorce años presta sus servicios como “enfermera” de campaña en alguno de los hospitales militares de la zona. Esto le beneficiaría posteriormente ya que el Estado Mexicano la reconoce y le otorga el título de Veterana de la Revolución; así es como obtiene a su jubilación un poco más de dinero para su escasa pensión.

También participa como repartidora de periódicos clandestinos en el movimiento contra Victoriano Huerta. Cuenta María que durante los Santos Oficios de la Misa en la Iglesia de San Jacinto, atrás del altar principal se imprimía un periódico en contra del Gral. Huerta y que ella junto con sus amiguitas entraban al templo con canastas de paja que llenaban de ejemplares de este periódico, para luego salir a la calle a distribuirlos. Desde esta época, se muestra el carácter decidido de María; nunca encuentra un obstáculo que le impida lograr sus sueños.

María comienza sus estudios musicales, inicialmente de piano con una maestra que vivía en San Ángel cerca de  Coyoacán, llamada Ángela Peredo quien también era organista y maestra de coros en la Iglesia de San Jacinto.  Doña Angelita organizaba anualmente un coro de jovencitas para cantarle a la Santísima Virgen los misterios durante los meses de mayo y María participaba con tal belleza de voz que muy pronto fue la solista de este pequeño coro. Como era muy pequeña todavía para estudiar canto, siguió estudiando piano, hasta que ya en el Conservatorio de Música su maestro de piano, Don Pedro Luis Ogazón la invita a educar su voz con el profesor Lamberto L. Castañares. El Maestro Ogazón le hace ver al padre de María que aunque ella tiene algún talento como pianista, sus grandes aptitudes son las de cantante. Don Pedro le dice rotundamente a María y a su padre: ¡Todo mundo tiene diez dedos con los cuales poder tocar el piano pero muy pocos tienen su voz!

Posteriormente estudia también piano con el maestro don Antonio Gomezanda, Armonía y Composición con el Maestro Julián Carrillo. Al terminar sus estudios musicales en el Conservatorio de Música, Don José María Bonilla decide que lo mejor para su hija es que vaya a Europa a completar sus estudios de Canto, aun cuando la situación económica de la familia no es de ninguna forma holgada. María se prepara para ir a estudiar como todos los cantantes de aquella época a Italia, quiere estudiar ópera y seguir los pasos de la gran Fanny Anitúa, de la Chacha Aguilar, de Roberto Silva. A tres semanas de partir para Europa, la joven cantante ofrece un concierto de despedida en el Anfiteatro Simón Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria. A dicho concierto es invitado el joven y conocido crítico musical Salomón Kahan, que le dice después de felicitarla: María usted tiene que hacer cualquier sacrificio para ir a estudiar a Alemania o a Austria. María le contesta: pero si en tres semanas parto a Milán. No, replica el critico, su talento es para hacer una carrera de concertista y no de cantante de ópera. Días después, habla con sus padres y los convence de que María tiene que estudiar en Berlín, gentilmente Salomón da las primeras lecciones de alemán a nuestra joven cantante. Así es como empieza el mundo del lied para María y para tantos alumnos y amantes en México de este maravilloso género musical.

VIAJE A ALEMANIA

Así, después de dudas sobre a dónde ir, María, junto con su familia, deciden que lo conveniente es ir a Berlín por lo que en el año de 1924, a la edad de 22 años, María y su madre Doña Rosalía toman el barco que las llevará a Hamburgo; después por tren llegarán finalmente a Berlín, donde consiguen hospedarse en una pequeña pensión en la que se instalan, teniendo como gran tesoro un piano de cola Blüthner que le permitirá a la joven mexicana conocer la música de los grandes maestros alemanes y austríacos.

Antes de su partida, María nota con desagrado una terrible disfonía y por insistencia de su padre hacen el viaje a Alemania. Una vez establecida en Berlín, lo primero que hacen sería buscar un otorrinolaringólogo.
Cual es la sorpresa de María cuando se le informa que no solamente es una simple disfonía, sino que tiene “nódulos vocales”, enfermedad común en los cantantes que en aquella época terminaba con sus carreras artísticas. El doctor le dice que la puede ayudar pero que el tratamiento será largo y doloroso; María acepta que una vez por semana el doctor con unas pequeñas limas intente, sin ninguna anestesia, limar los nódulos presentes en sus cuerdas vocales. Al cabo de varios meses en los que después del tratamiento tiene que permanecer callada por días, el doctor la da de alta. Después de un riguroso examen de admisión entra a estudiar en la Hochschule für Musik de Berlín, con ni mas ni menos que el maestro alemán más renombrado de la época: el profesor. Hermann Weissenborn.

En su primera clase la acompaña el médico que la había sanado de sus cuerdas vocales y le dice al maestro Weissenborn: le entrego a mi paciente perfectamente curada, ahora es responsabilidad de usted. y de su técnica que nunca vuelva a padecer de esta dolencia en sus cuerdas vocales. Así se inicia de octubre de 1926 a julio de 1928 una de las épocas más importantes en la vida de María Bonilla. El profesor. Weissenborn, que fue maestro del más grande cantante de lied de todos los tiempos, el barítono Dietrich Fischer Diskau, así como de otros cantantes famosos como Heinrich Schlussnus, Eda Mosser, y otros, tiene en María, la joven soprano drámatica mexicana, a su alumna predilecta. Durante esta época de estudio, María busca conocer a fondo la música de lied y oratorio y aprende a cantar Schumann y Brahms, además de Bach, Beethoven y tantos otros autores de habla alemana.

En la música de Schubert ocurre algo que hace que María sea parteaguas de los cantantes de lied del siglo XX. Hasta la época de María Bonilla la música de Schubert estaba limitada a ser cantada por voces masculinas; las mujeres jamás se atreverían a cantar un Winterreise (Viaje de invierno) o  un Erlkönig (Rey de los Alisos) por decir algo. Para María, que no era oriunda de Alemania, el interés de cantar a Schubert era increíble y en algún momento le pide al maestro Weissenborn que le permita cantar el Erlkoenig, con texto de Goethe que narra la muerte de un pequeño niño en los brazos de su padre, compuesta para hombres que con dramatismo narran la muerte del pequeñín, por lo que el Maestro Weissenborn se opone a que María ponga este lied.

A pesar de la negativa, María junto con el gran amor de su vida, su novio y acompañante Karl, ensayan apasionadamente la obra. Cierto día en que están ensayando en uno de los salones de la Escuela de Música, María escucha que alguien abre la puerta de salón, no presta atención y continua afinando la interpretación de El rey de los Alisos; cuando termina con la frase trágica de “el niño esta muerto”, voltea y para su sorpresa el que ha entrado al estudio es el maestro Herman Weissenborn. El maestro se dirige a la estudiante y le dice: María, me he equivocado. Puede usted cantar en cualquier público esta obra, le sale maravillosa.

La relación del maestro con su discípula es magnífica, siempre la motiva y sus enseñanzas son tales que forman el pilar de la preparación y comportamiento de María, ya como cantante o como maestra en sus años posteriores. Además de canto su especialidad la hizo en Pedagogía del canto, también con el maestro Weissenborn; esta decisión es influída como muchas otras en la vida de María por su padre, quien no acepta la idea de que ella viaje sola por el mundo cantando ópera. Don José pensaba que María era delicada, indecisa, suave y por eso sugirió que también estudiara Pedagogía; le decía a su hija: mira, como maestra siempre podrás conjugar tu interés por el canto, además tendrás más estabilidad emocional y tendrías siempre la protección familiar. Ser cantante de concierto y maestra considero que es más acorde con tu personalidad.

En aquellas épocas no existían en la Hochschule exámenes bimestrales o semestrales; cuando el alumno y sus maestros se sentían preparados, el alumno tenía que solicitar a Rectoría que le permitieran realizar un examen de salida, la famosa Reifeprüfung. Un sólo examen que definía si el artista era capaz de salir a conquistar al mundo, un sólo examen que requería la presencia aparte del propio Rector, de sinodales expertos en técnica vocal, en armonía, piano, italiano, historia de la música y por supuesto en Pedagogía.   Si este examen se aprobaba, se otorgaba un reconocimiento oficial que podía significar el principio de una gran carrera. Después de presentar la serie de exámenes que incluían la Reifepruefung y que duraban cerca de 45 minutos cada uno, María aprueba con distinción dicho examen.

Durante sus años de estudio, María canta en algunas audiciones reglamentarias, así como en algunos conciertos de la Asociación Iberoamericana de Berlín. Los fines de semana aparte de estudiar todo el repertorio que la escuela le obliga, le sirve para caminar por los bosques y pequeños pueblitos alemanes y así conocer la vida de la Alemania antes de la Segunda Guerra Mundial. En estos años vive acompañada por su madre Doña Rosalía a la cual el frío clima de Berlín le daña seriamente llevándola a una temprana muerte.

Al acabar su carrera tiene que tomar la decisión de casarse con Kart, su novio y acompañante, o bien regresar a México con su amada familia, opta por esta última y ahora al quedarse sin pareja se entrega a una sola meta: la profesional.

María regresa a México a finales de 1928 a trabajar e inmediatamente consigue un puesto de Maestra de Canto tanto en el Conservatorio Nacional de Música del INBA, el Conservatorio Libre de Música y la Escuela de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México en la época en la que el maestro Nabor Carrillo era Rector. En esta época se da cuenta de la necesidad de formar una escuela de canto que estuviese a la altura de las escuelas europeas y decide regresar a Milán para hacer un curso similar al que hizo en Berlín de Pedagogía del Canto. En julio de 1930  presenta en la ciudad de México un recital de despedida y se lanza de nuevo a la aventura de ir a Europa a cumplir sus sueños de perfección. Estudia arduamente en Milán durante el año escolar 1930-1931 y al final del curso piensa que es imprescindible dar un recital en alguno de los teatros de la ciudad, pero no tiene los contactos ni el conocimiento de la dura sociedad milanés. Se propuso, como diría mas tarde, no dejar pasar un sólo día sin dar un paso hacia la conquista de su objetivo y esto sucede al ver un día en el periódico local que el Embajador Venezolano imparte una conferencia ante un grupo de damas llamado Club Vita Nuova en uno de los hermosos hoteles de la ciudad, el hotel Adlon. Logra introducirse a la reunión gracias a que en México pertenecía a la Asociación de Mexicanas Universitarias y esto cae en gracia a las damas del Club y la aceptan en la conferencia.           

Ya dentro del recinto hace conversación con la presidenta del Club, la señora Cortesse a la cual le explica que está a punto de terminar su perfeccionamiento en canto y que le gustaría dar un recital de despedida en la Sala del Real Conservatorio, pero también sabe que es algo prácticamente imposible para una desconocida como ella. La honorable dama le contesta; deje de preocuparse; usted. dará su recital en la fecha que desee; y le presenta de inmediato a la señora Julia Recli, pianista y compositora socia del Club y que era discípula del famoso compositor italiano Ottorino Respighi. Junto con la Recli, María confecciona un programa que incluye música de Respighi y dos canciones de la misma Recli. Entre uno y otro contacto llega con el agente de conciertos Moltrazzio Luzzato que le consigue fecha para un recital en el Teatro Regio, además la introduce con uno de los acompañantes más famosos en esa ciudad el Maestro Alberto D’Erasmo con quien al final canta el programa.

Ya con esto en mano, María busca de cualquier forma entrevistarse con Respighi; cuál es su sorpresa que el compositor  viene a Milán y una tarde la recibe en el cuarto de su hotel y con sencillez le acompaña al piano las dos piezas suyas que María va a cantar en el recital; hace el maestro sabias indicaciones de interpretación y queda tan contento con la cantante mexicana que le entrega tres cartas de recomendación para los críticos de música de los principales periódicos de la ciudad entre ellos el Corriere della Sera.

El 10 de diciembre de 1931 se lleva a cabo el recital en el Teatro Regio y cuál es la admiración del público por esta cantante extranjera que después de la primera pieza, el Ah! Pérfido de Beethoven el público irrumpe en aplausos cosa inusual en ese teatro. Su acompañante el maestro D’Erasmo le había comentado: no espere ni un solo aplauso, ni mucho menos reconocimientos, pero en el intermedio el gran acompañante le dice: María tiene usted. a Milán en su puño.

Por supuesto esa noche se cantó también música mexicana de Tata Nacho y de Alfonso Esparza Oteo.            En las críticas musicales de la noche, no sólo fue alabada sino que en alguno de los periódicos se extendió la crítica no solo a una línea sino a varias frases de alabanza. Acaba de lograr nuestra estimada maestra su primera conquista importante, de ahí en adelante no para en lograr lo que se propone.

MAESTRA Y LIEDERISTA

María Bonilla Méndez regresa a México a seguir con su vocación de maestra y liederista. En México además de cantar lied alemán que era prácticamente desconocido porque en México se cantaba la más de las veces ópera italiana, inicia la Gran Escuela de Canto con que nuestro país cuenta en la actualidad; no digo que sólo sus alumnos son los que cantan bien, sino que gracias a ella y a su calidad como profesora, el nivel de canto en México se pone a la altura de lo mejor del mundo.

¿Cual es la mejor escuela de canto, la italiana, la alemana o la francesa?, María, esta gran soprano dramática,  solamente decía: hay una sola escuela de canto y es la que permite cantar bien. Enseña hasta el agotamiento, después de horas de trabajar arduamente con sus alumnas, porque al inicio de su carrera solo formó alumnas, la maestra regresaba a casa acompañada siempre por su padre a estudiar más y más música hasta las once o doce de la noche. Además de estudiar a fondo la música vocal, ponía al piano los acompañamientos, ya que dominaba suficientemente bien el instrumento, así que practicaba acompañándose ella misma.

Es tanta su pasión por el  estudio que a sus ochenta años empieza a estudiar ruso para poder ayudar a uno de sus alumnos a pronunciar adecuadamente las Canciones de la Muerte de Mussorgsky. María comentaba que lo que le había enseñado a cantar más que nada fue dar sus clases, y además lo que más placer le había proporcionado. Durante los más de  treinta años en que trabaja en estos centros docentes, María combina el dar clases con su carrera de concertista, ya que canta continuamente en oratorios y en recitales de lied.

Decir entre cantantes el nombre de María Bonilla significa mencionar toda una serie de símbolos, tanto en el buen cantar, como de calidad humana y trabajo académico de excelente calidad; es por tanto hablar también de sus alumnas las cuales siempre sintieron por la señorita Bonilla cariño, respeto y veneración.  Entre ellas se encuentran Estelita Álvarez Valle, Julia Araya, Martha Artenak, Ernestina Hevia del Puerto, Ernestina Perea, Socorro Salas, Aurora Woodrow, y por supuesto su primera alumna la insuperable Irma González, entre otras.

La señorita Bonilla, como se le conocía en su época, era generosa a tal grado que con su escaso sueldo de maestra, regalaba sus conocimientos en forma gratuita a quien lo necesitara, si ella considerara que había talento especial en alguna discípula, el ejemplo clásico fue que a su “discípula mascota” Irma González: nunca le cobró un centavo por las clases que le impartió.

Irma González la gran cantante, amiga y hasta comadre de la señorita Bonilla, fue una cantante que viajó  por todo el mundo haciendo tanto opera como concierto, y llegó a ser más conocida que la misma maestra Bonilla. Tal fue el caso en que en una velada en que en la mesa se encontraban el famoso director de orquesta austríaco Erich Kleiber y el maestro Manuel M. Ponce; María canta acompañada de una guitarra algunas canciones del maestro Ponce a pesar de que el maestro Kleibler había indicado que no le gustaba que en las recepciones a las que asistía se hiciera música. Es tal la sorpresa por la semejanza en el cantar de María con Irma que el maestro Kleiber le pregunta a Ponce si por casualidad esta cantante es discípula de Irma González a lo cual el maestro Ponce le responde: es al revés maestro, María fue maestra de Irma. A partir de este momento, Kleiber charla con María en alemán y la invita a cantar ahí mismo de memoria, hasta bien entrada la noche, música de los compositores alemanes, que María dominaba y que el mismo maestro Kleiber le acompaño al piano, también de memoria. ¡Imagínense ustedes esa velada!

Todas las alumnas de la señorita, aparte de hacer ópera siempre sintieron un respeto y amor a la música que María les inculcaba, que era la música de concierto y oratorio;  eso a la larga permitió que en nuestro país se canten estos géneros musicales sin distinción.

Además de tener una relación maestro alumno, la relación que existía entre María y sus alumnas era la de una sincera amistad.

Al igual que Shostakovich, la maestra Bonilla no puede tolerar que en su presencia se hable mal de otros artistas y mucho menos ella hablar mal de algún colega; ama la vida y comunica su jovialidad y bondad a quienes la rodean, le encanta escuchar música de vanguardia y muchas veces ella misma promueve a los nuevos compositores a presentar su obra.

Una mañana dentro del Conservatorio Nacional de Música entra de improviso  a su salón de clases el compositor Salvador Moreno buscando a Irma González, la maestra le pregunta al joven si se le ofrece algo, a lo cual él tímidamente le responde que acaba de terminar de componer su Antología de Canciones y que busca a Irma para ver si ella estaría dispuesta a cantar su obra. Inmediatamente la señorita Bonilla le ofrece cantar ella misma la obra y de esta forma estrenan ambos las bellas canciones de este gran compositor.

Cabe mencionar que cuatro de estas canciones, las canciones Náhuatl, tienen texto del padre de María, y él mismo les corrigió la dicción antes de presentarse en público ya que el maestro José María hablaba el idioma. María fue la gran intérprete de estas canciones y la crítica comenta que la interpretación de éstas es superior a la de Victoria de los Ángeles.

María al especializarse en la música de concierto llega a cantar gran parte de la obra de Schubert, Schumann y Brahms de la cual era considerada máxima interprete además de Hugo Wolf, Beethoven y Mozart entre los compositores de lied alemán; conoce y canta también la obra francesa de Duparc, Faurè, Chausson, Debussy y Ravel, y no se diga de música de compositores italianos y españoles al igual.

De los mexicanos canta mucho a Ponce, del cual era buena amiga, de Carlos Mabarak, Salvador Moreno, Mariscal, Martínez Galnares, Tata Nacho; canta también las canciones mexicanas de Jorge Del Moral, Lerdo de Tejada, Mario Talavera, Esparza Oteo entre otros.

No podemos olvidar sus conciertos de oratorio en los cuales se distinguió cantando el Magnificat y La pasión según San Juan de Bach, las misas y oratorios de Handel, Haydn y Mozart. Otra faceta de la vida de concertista era cantar con otros artistas, fue apasionada por los duetos de Brahms, Schumann y Mendelsohn. Fueron famosos en sus días los recitales a dúo con la gran mezzo Josefina la “Chacha” Aguilar, con quien aparte de cantar estas obras, cantaba obras del repertorio de oratorio. También le interesa la música antigua y junto con el maestro Luis Sandi forman el grupo de música Los Madrigalistas, cantan obras de Tomas Luis de Victoria,  Dowland, Monteverdi y Gabrielli.

Insiste mucho a sus alumnos a cantar en conjuntos y continuamente les ayuda a  preparar tríos, cuartetos, sextetos de las óperas clásicas, en especial las de Mozart, por las que tiene una especial predilección.
Dentro de las Escuelas y Conservatorios en los que enseñaba, llevaba una excelente relación de amistad con el grupo docente. Tuvo grandes amigos entre el profesorado como fue con Manuel M. Ponce, con el Maestro Juan D. Tercero, Luis Guzmán, Silvestre Revueltas, Alfonso de Elías, Rodolfo Halffter y muchos más.

Una vez más, en contra de todas las convenciones musicales de la época, María Bonilla se lanza a grabar la monumental obra de Franz Schubert, el Viaje de invierno con la empresa CONCERMEX, Grabaciones de Conciertos Mexicanos en 1951, así demuestra una vez más que Schubert no es solamente música escrita para hombres.  En esta grabación María Bonilla y su acompañante María Kotkowska demuestran un dominio y musicalidad extremos.  

Posteriormente a la grabación del Winterreise, María Bonilla graba junto con la pianista María Kotkowska, igualmente con CONCERMEX, un disco que incluye el Frauenliebe und Leben de Schumann y una selección de piezas de Schubert, de Brahms, de Wolf y de Strauss.

Por último después de estrenar en México la Primera Antología de Canciones de Salvador Moreno, graba al lado del propio compositor las Canciones de dicha antología, esta vez con Grabaciones de la Asociación Musical Manuel M. Ponce, A.C., es de notar la maestría con que María canta las 4 canciones en Náhuatl.

María Bonilla se jubila después de más de 30 años de ininterrumpida labor docente en agosto de 1967, esta decisión fue un paso duro en su vida pues además de dejar sus escuelas pierde a su padre que muere por esas mismas fechas.

EL RETIRO, ÚLTIMOS AÑOS

Durante su vida, María recibió reconocimientos de todo tipo, algunos cuando todavía daba clases, y muchos otros como homenaje a su trabajo. Por ejemplo, por su labor como maestra del Conservatorio de Música, el Instituto Nacional de Bellas Artes le concedió en el año de 1953 la Medalla al Mérito Pedagógico.

Todavía siendo maestra y cantante el Cardenal Primado de México, Don Miguel Darío Miranda le otorga una medalla de Oro con la imagen de la Virgen de Guadalupe en agradecimiento a los recitales que María presentó en Catedral Metropolitana.

En el año de 1972 la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música le otorga un Diploma por su labor en la difusión del Lied. Las grandes preseas que recibe María Bonilla son de Alemania y Austria; en el año de 1972 fue condecorada con la Cruz al Mérito de Primera Clase, por la Embajada de la República Federal Alemana; esta condecoración la ofrece el Embajador Hans Schwarzmann por la difusión al lied alemán en México y en el Mundo. Un año después la Embajada de Austria otorga otra Cruz al Mérito Extranjero.
Muchos fueron los homenajes en forma de recitales y conciertos que sus alumnas también le hicieron con motivo de su jubilación.

Después de estos cambios dramáticos, su jubilación y la muerte de su padre, cuando María tenía cerca de 65 años de edad su responsabilidad profesional y humildad la llevan también a dejar los escenarios, es consciente que en su vida cantó lo que quiso y que fue mucho, así ahora que su voz ya no es lo que considera adecuada para cantar en público se enfoca más que nada en su otra gran vocación que es la enseñanza, ahora ya no en los conservatorios o escuelas de música sino en su casa de Asia 38, donde repite lo que siempre ha sabido hacer de maravilla.

Ahora sí toma alumnos hombres y empieza a aprender nuevos repertorios que hará que los muchachos y muchachas que estudian con ella formen nuevos conjuntos y le den un impulso más a su vida.

Entre el estudio de su repertorio en su querido Bechstein, el conocer repertorio vocal nuevo y  seguir practicando idiomas transcurre su vida.  No cuenta con acompañante externo y la maestra nos acompañaba todo el repertorio que íbamos trabajando.  Algunas veces nos visitan sus antiguas acompañantes y nos hace cantar para ellas y obligarnos a practicar con pianistas y estilos diferentes.

Sus antiguas alumnas con las cuales mantiene estrecha amistad son parte de su familia, la visitan, salen a comer o bien la invitan a sus presentaciones y conciertos, cosa que disfruta ampliamente. Es común ver en su casa a Irma González a Estelita Álvarez o a Aurora Woodrow, también a Julia Araya y su acompañante Yolanda Delgado.

Disfruta enormemente el hablar de la labor pedagógica de ellas, o bien platicar de las noticias del mundo diario. Cuenta por otro lado con un grupo de amigas de su edad preparadas y muchas de ellas famosas en otros áreas profesionales, que con asiduidad salen a desayunar o a comer, para terminar el día haciendo  música juntas en casa.

Así se reúne con Doña Eulalia Guzmán, antropóloga que descubre los restos de Cuauhtémoc en Ixcateopan o con la primerísima directora del cine nacional Doña Matilde Landeta o bien con la concertista húngara Helen Salgo.

De su familia queda casi hasta el final su hermano José el cual sigue siendo su gran amigo y con los hijos de éste, José, Kita, Cecilia y Elizabeth quienes llenan el espacio vacío dejado a la muerte de su padre.

También con el nuevo grupo de alumnos a los que nos guió en los pasos de Mozart, Schubert, Schumann van pasando los años, con una vida placentera y feliz.

Siempre con música a su alrededor, son comunes las Musikabende o tardes musicales con sus nuevos alumnos, las que disfrutaba ampliamente  pues siempre después de hacer música había un buen pastel que compartir. Acompañada también de sus mascotas y servidumbre, su prolífica vida va llegando a su fin.

Al final de su vida, María era una viejita encantadora llena de humor, gran charladora, dispuesta siempre a escuchar los problemas de los demás y en un momento en ayudar en lo que podía. Sirve de guía a todos los que vivimos cerca de ella, y siempre muestra valor ante los cambios de la vida. El día que cumple sus ochenta y ocho años, fue celebrada con una fiesta en casa de su sobrina Elizabeth, come con gusto siempre con una copita de tequila y un buen vaso de cerveza o de vino. Al terminar la comida, canta sus propias mañanitas antes de regresar a su casa.

Éste es el último momento de lucidez de la que fuera la gran embajadora de la música mexicana; en la tarde de ese 26 de enero de 1990, entra en coma del que ya no regresará.

Al cabo de 5 días de agonía, muere el 1 de febrero de 1990, después de recibir la extrema unción pues era una católica ferviente.  Fue cremada y sus restos descansan en el Lote de Maestros del Panteón de Dolores en compañía de sus padres.

1 comentario:

  1. ES UN GUSTO CONOCER LA VIDA DE UNA EXCELENTE CANTANTE Y EXPONENTE DE GENEROS TAN DIFICILES PARA VOZ FEMENINA .. Y FORMADORA DE TANTOS OTROS QUE SIGUIERON SUS PASOS...
    ADEMAS DE QUE FUERA MEXICANA...

    EL GUSTO TAMBIEN ES POR CONOCER A ALGUIEN DE SU FAMILIA Y TENERLO TAN CERCA, QUIEN ME HIZO SABEDORA DE TODA ESTA HISTORIA... GRACIAS LUIS P. Y TE FELICITO POR TENER ESTOS GENES MUSICALES EN TU SANGRE...

    MIS RESPETOS A MARIA BONILLAS ...

    LORENA ROBLES
    Cantante Mexicana

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